Para huir de la Corte de Versalles, María Antonieta encarga en 1783 su Aldea. Allí disfruta de los encantos de la vida en el campo, rodeada de sus damas de compañía. El conjunto se convierte además en una auténtica explotación agrícola, dirigida por un granjero, cuyos productos abastecían las cocinas del Palacio. Bajo el Primer Imperio, la Emperatriz María Luisa procede a reamueblar la Aldea con un gusto refinado.
Apenas terminado el primer jardín acondicionado en las inmediaciones del Pequeño Trianón, María Antonieta pensó en establecer un segundo en su prolongación hacia la puerta de Saint-Antoine. En este nuevo territorio, la Reina desarrolló un aspecto que Luis XV ya había esbozado anteriormente en el Zoológico de Trianón: el gusto por lo rústico. Entre 1783 y 1787, la Aldea se realizó pues con el estilo de un auténtico pueblo normando, formado por un conjunto de once casas distribuidas en torno al Gran Lago. Cinco de ellas estaban reservadas para uso de la Reina y de sus invitados: la Casa de la Reina, el Billar, el Gabinete, el Molino y la Lechería de Degustación. Mientras que cuatro casas estaban reservadas para los campesinos: la Granja y sus anexos, el Granero, el Palomar y la Lechería de Preparación. La Granja estaba situada aparte del pueblo y acogía una ganadería variada: una pequeña manada de ocho vacas y un toro, diez cabras y palomas. Una casa estaba reservada al uso doméstico: el Calientaplatos, en el que se preparaban los platos para las cenas que se daban en la Casa de la Reina o en el Molino.
Cada casa contaba con su pequeño jardín, plantado con repollos de Milán, coliflores y alcachofas, rodeado por un seto de carpes y cerrado con una empalizada de castaño. Las rampas de las escaleras, galerías y balcones estaban aderezadas con macetas de loza de Saint-Clément, de color blanco y azul, que contenían jacintos, alhelíes cuarentenos, alhelíes o geranios. Pequeños huertos estaban plantados de manzanos y cerezos. Por las paredes de las casas y los arcos que sombreaban algunas avenidas, se extendían plantas trepadoras. En 1785 se instaló un columpio para los niños reales que luego se desmontó rápidamente. En 1788, también se acondicionó un juego de bolos. La Torre de Malborough, una especie de faro que domina las orillas del Gran Lago, se utilizaba para salir de pesca o para dar paseos en barca.