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Gran Aposento del Rey

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El aposento de aparato

Compuesto por siete salones en enfilada, el gran aposento del Rey servía de aposento de aparato para las ceremonias oficiales del soberano. Por ello se decoró con el súmmum de riqueza y siguiendo el modelo de los palacios italianos de la época. Durante el día, estaba abierto para todos, franceses y extranjeros, que acudían a ver al Rey cuando lo atravesaba para ir la a Capilla. Tres noches por semana, estaba reservado a la Corte.

El Salón de Hércules

Primer salón del Gran Aposento del Rey, el Salón de Hércules fue en realidad el último que se creó al final del reinado de Luis XIV. Desde 1682, la capilla del Palacio ocupó su emplazamiento en dos plantas, dando servicio hasta 1710, fecha en la que fue sustituida por la actual capilla. Para decorar este nuevo salón, se instaló en él en 1712 el monumental cuadro de Veronese, Comida en casa de Simón Fariseo, pintado para el refectorio del convento de las Servitas en Venecia, alrededor de 1570. En 1664, el Dogo se lo regaló a Luis XIV para que éste le apoyase contra los turcos. Interrumpidos por el fallecimiento del Rey Sol durante diez años, los trabajos del Salón de Hércules duraron hasta 1736, fecha en la que François Lemoyne terminó la pintura de la bóveda que representa La Apoteosis de Hércules, en la que pretende figurarse que "la Virtud eleva al hombre por encima de sí mismo". Por su efecto, esta extensa composición alegórica, que cuenta con 142 personajes, pretendía rivalizar con las obras maestras de los fresquistas italianos, pero se realizó sobre lienzos encolados, es decir, pegados al soporte. El joven pintor se suicidó poco tiempo después de acabado este trabajo.

El Salón de la Abundancia

En las veladas de aposento, el Salón de la Abundancia era el lugar de los refrescos; un bufé instalado en él ofrecía café, vinos y licores. Este salón era también la antecámara del Gabinete de las Curiosidades o de las Rarezas de Luis XIV (a partir de entonces ocupado por el Salón de Juegos de Luis XVI) al que se accedía por la puerta del fondo. Al Rey le gustaba mostrar a sus huéspedes de etiqueta los jarrones de orfebrería, las gemas y las medallas que se conservaban en él y que inspiraron la decoración de la bóveda, en la que se puede contemplar, en particular, la gran nave real representada por encima de la puerta. La nave del Rey, un valioso objeto en forma de buque sin mástil, se encontraba sobre la mesa del soberano para las grandes ocasiones, o en el bufé. Símbolo de poder, que todos debían saludar la pasar, contenía la servilleta del soberano.

El Salón de Venus

Este salón, así como el Salón de Diana, constituía el principal acceso al Gran Aposento, ya que la gran escalera, conocida como
"escalera de los Embajadores" (destruida en 1752) desembocaba en él. Durante las veladas de aposento, aquí se instalaban mesas cubiertas de cestas de flores, de pirámides de fruta fresca y singular como naranjas y limones, así como frutas confitadas y mazapanes. Al igual que todas las estancias siguientes, este salón debe su nombre a un planeta, tema asociado al mito solar que inspiró toda la decoración de Versalles en los años 1670. Aquí Venus aparece representada en el techo con los rasgos de la diosa del Amor que, en la Antigüedad griega, estaba asociada a este planeta. Las demás composiciones pintadas, que adornan los arranques de la bóveda (dovelajes), representan hazañas de héroes antiguos que remiten a la vez al planeta del lugar y a las hazañas de Luis XIV: así, por ejemplo, el dovelaje que representa a Augusto presidiendo los juegos del circo debe interpretarse como una alusión al famoso carrusel celebrado en honor a la reina, y el dovelaje que presenta a Alejandro desposando a Roxana, como una evocación del matrimonio de Luis XIV.

De toda la enfilada, el Salón de Venus es el que posee la decoración más barroca. Este es el único lugar en el que Le Brun estableció un diálogo entre arquitectura, escultura y pintura, unas veces real y otras figurada: las pilastras y columnas de mármol se retoman en las perspectivas pintadas por Jacques Rousseau, y dos estatuas en engañifa del lado de las ventanas, se contraponen a la figura de Luis XIV obra de Jean Warin.