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El Gran Aposento de la Reina

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El Gran Aposento de la Reina

Orientado hacia el parterre del Midi, el Gran Aposento de la Reina es simétrico al Gran Aposento del Rey. Pero al contrario que el soberano que, desde el reinado de Luis XIV abandona su Gran Aposento, la reina sigue ocupando el suyo, lo cual explica que la decoración se modificase varias veces a lo largo del siglo XVIII.

La cámara de la Reina

La cámara es la estancia principal del aposento, aquella que más utilizaba la Reina. Allí dormía, a menudo en compañía del Rey. Y en ella recibía, por la mañana, durante y después de su Aseo, que constituía un momento de Corte tan reglamentado por la etiqueta como el Lever del Rey. Aquí también se llevaban a cabo los alumbramientos en público: diecinueve "Hijos de Francia" nacieron en ella. La decoración conserva el recuerdo de las tres reinas que ocuparon la estancia: el compartimentado del techo se remonta a la Reina María Teresa, pero las pinturas en grisalla de Boucher se realizaron para María Leszczinska, al igual que las carpinterías. Todos estos elementos se conservan de la época de María Antonieta para la que sólo se renovó el mobiliario y la chimenea.

Durante la invasión del Palacio por los agitadores, el 6 de octubre de 1789, María Antonieta consiguió huir de ellos por la pequeña puerta izquierda de la alcoba que da a un corredor que a su vez desemboca en los gabinetes interiores de la Reina, una docena de pequeñas estancias reservadas a su vida privada y a su servicio. En la Revolución, el Palacio no fue víctima del pillaje, pero sus muebles se dispersaron durante las subastas que duraron un año entero. Algunos pudieron recuperarse, como el joyero de Schwerdfeger que se encuentra a la izquierda de la cama, o la pantalla de chimenea. Otros se sustituyeron por piezas equivalentes: este es el caso de los asientos entregados en parte para la Condesa de Provenza, la cuñada de la Reina, y en parte para la visita del Rey de Suecia, Gustavo III. En cuanto a las telas que cuelgan de la cama y de las paredes, se volvieron a tejer en Lyon, a partir de los patrones originales conservados. La cama y la balaustrada se reesculpieron a partir de documentos antiguos.

El Salón de los Nobles

Antecámara bajo el reinado de María Teresa, fue en esta sala donde María Leszczinska celebraba sus audiencias solemnes, sentada bajo un dosel. Aquí daba cita también a su círculo, como solía llamarse por aquel entonces a ese momento de conversación entablado con las damas de la Corte. María Antonieta hizo reformar totalmente la decoración, conservando únicamente las pinturas del techo. Para ella se revistieron las paredes de damasco verde manzana ribeteado de un ancho pasamano dorado. También se instaló un nuevo mobiliario, extremadamente moderno y elegante a la vez. De hecho, para realizar las majestuosas cómodas y rinconeras destinadas a esta habitación, Riesener, el ebanista favorito de la Reina, se adaptó a la última moda inglesa, abandonando sus habituales marqueterías de flores por grandes aplicaciones lisas de caoba, mientras que los bronces dorados y las repisas de mármol azul turquí de este majestuoso conjunto estaban combinados con los de la chimenea, que también era nueva.

La antecámara del Gran Cubierto

La antecámara del Gran Cubierto

En la antecámara de la Reina era donde se celebraban las comidas públicas cuyo fastuoso ritual atraía a muchas personas. Sólo la familia real podía sentarse a la mesa y, ante ésta, se sentaban las duquesas, princesas o titulares de altos cargos que gozaban del privilegio del taburete, luego, de pie, se situaban las demás damas y personas que, por su rango o autorizadas por los ujieres, habían podido entrar. Luis XIV se plegaba a esta representación casi todas las noches; Luis XV, por su parte, optó muy a menudo por las cenas íntimas; en cuanto a Luis XVI y a María Antonieta, un testigo de la época nos cuenta que: "la Reina se situaba a la izquierda del Rey. éstos le daban la espalda a la chimenea [...] El Rey comía con apetito, pero la Reina no se quitaba los guantes ni desplegaba su servilleta, lo cual no era correcto por su parte". Para luchar contra este aburrimiento, María Antonieta pidió que siempre hubiese música en el Gran Cubierto y, para ello, se acondicionó una tribuna para los músicos en esta estancia.

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Al final de la escalera de la Reina, también conocida como "escalera de Mármol", se penetraba en el Gran Aposento de la Reina a través de esta Sala de Guardias en la que, día y noche, doce guardias del cuerpo cumplían su servicio para la Reina. En Versalles, sólo el Rey, la Reina y el Delfín podían disponer de una guardia personal, compuesta de soldados pertenecientes a las unidades de élite que formaban las cuatro compañías de escoltas del Rey. La gran sala siguiente, actualmente conocida como "Sala de la Coronación", les estaba asignada y servía de cuerpo de guardia.
La Sala de Guardias de la Reina es la única estancia de la enfilada cuya decoración del siglo XVII se ha conservado, ya que como la Reina no tenía ocasión de ocuparla, nunca consideró necesario modernizarla. Por ello, aun se pueden ver los revestimientos de mármol característicos del estado original de los Grandes Aposentos, así como pinturas colocadas en ella en 1680, que proceden del antiguo salón de Júpiter, transformado en Salón de la Guerra.

"El servicio de los escoltas del Palacio consistía en montar guardia a las puertas de los aposentos, en presentar armas al paso de los príncipes, en proteger la capilla durante la misa y en vigilar las cenas de la familia real. Los escoltas debían conocer a duques y pares, ya que a su paso el centinela tenía que presentar armas y dar dos golpes con el tacón derecho.
Asimismo, el centinela tenía que abrir la puerta y no dejar que la abriesen; pero no cabe duda de que a éste no le molestaba que le ahorrasen todas estas funciones."
Fue por aquí por donde el 6 de octubre de 1789, al amanecer, los asaltantes que habían venido a reclamar pan al Rey intentaron llegar a los aposentos de la Reina, antes de que una doncella, avisada por un guardia, bloquease la puerta del Gran Cubierto y aconsejase huir a la Reina. Los asaltantes dieron media vuelta e intentaron penetrar entonces por la Sala de Guardias del Rey.