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La historiaPersonajes de la Corte

Madame de Polignac

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La confidente de la reina María Antonieta (1749-1793)

De carácter vivo y alegre, la Duquesa Yolande de Polignac sedujo a María Antonieta, que mantuvo con ella una profunda amistad. Madame de Polignac envolvió a la Reina en un mundo de placeres y de fiestas, y no dudó en utilizar su influencia para disfrutar de favores excepcionales para sí misma y los suyos. Tras obtener el título de duquesa y ser nombrada institutriz de los hijos del Rey en 1782, se vio obligada a abandonar la Corte al estallar la Revolución en 1789.

Yolande de Polastron conoce a la Reina en Versalles en 1775. Casada con el Conde Jules de Polignac, un noble endeudado, desea salir de su situación y demuestra tener una ambición desmesurada. Dotada de un físico atractivo y de un carácter alegre, entra en el círculo de íntimos de la Reina. Un cuadro de la retratista oficial de la Reina, Madame Vigée-Lebrun, la representa vestida con una camisa de tela ligera y fluida, y peinada con un sombrero de flores. A su lado, la Reina descubre la ligereza y la despreocupación, y descuida el protocolo de la etiqueta. ésta se aísla encantada de la Corte en su Palacio del Pequeño Trianón.

Madame de Polignac consigue rápidamente los privilegios a los que aspiraba. En 1782, recibe el título de Duquesa y el cargo de institutriz de los Hijos de Francia. Entonces abandona su aposento considerado como el "más hermoso alojamiento de Versalles" para trasladarse al aposento de las institutrices, en donde ordena que se realicen trabajos de restauración. Su familia y amigos disfrutan también de las ventajas de su situación.

Pero la Revolución de 1789 la obliga a exiliarse, ya que hacía años que el pueblo parisino la desprestigiaba violentamente. ésta abandona a la Reina con gran pesar y sigue carteándose con la soberana desde Suiza, Italia y Austria. María Antonieta sufre también la ausencia de su gran amiga: "Adiós a la más entrañable de las amigas; la palabra es horrible, pero necesaria; sólo me quedan fuerzas para abrazarla" le escribe. La Duquesa de Polignac muere en 1793, corroída por el remordimiento de haber abandonado a la Reina. En su epitafio, como último homenaje, se escribió "muerta de dolor".