María Antonieta ocupa el aposento de la Reina en el que debe someterse a las obligaciones de su función: lever, aseo, audiencias, comidas públicas... Pero acostumbrada al ceremonial sencillo de los palacios austríacos, lleva muy mal las exigencias de la Etiqueta versallesa y aspira a una vida más íntima. Rodeada de un grupo de amigos, se refugia a menudo en sus Gabinetes interiores, en el Pequeño Trianón, regalo de Luis XVI, o incluso en la Aldea, un auténtico pueblo pintoresco completamente nuevo.
Tras ocho largos años de matrimonio, cuando toda la Corte esperaba un heredero, dio por fin nacimiento a su primer hijo en 1778. La “Señora Real”, a la que María Antonieta apoda “Muselina la seria” (Mousseline la serieuse), se vio rápidamente acompañada del Delfín Luís José Javier-Francisco, que nació en 1781. Algunos años más tarde, dio a luz a Luís Carlos, al que apodó “Ojito de amor” (Chou d’amour), y que se convertiría en Delfín al morir su hermano mayor en 1789, y luego Sofía Beatriz.