Por influencia de su madre, intenta jugar sin fortuna un papel político, pero no goza del aprecio de la Corte. Madame Adélaïde le da el apodo peyorativo de "Austríaca" que la acompañará hasta el final de sus días. La Reina se convierte en el objetivo favorito de panfletos, textos y caricaturas, sobre todo a partir de 1785, cuando el Asunto del Collar, timo del que probablemente sólo fue la víctima, sirve de pretexto para calumniarla. En su pequeño teatro de Trianón, se atreve a representar Las Bodas de Fígaro, una obra escrita en 1778 por Beaumarchais y muy crítica contra la sociedad del Antiguo Régimen, que el Rey había prohibido. La ruptura con la Corte se consuma.
Su actitud ambigua en el momento de la Revolución Francesa -da la imagen de una Reina que duda entre la huida y la conciliación- acelera su final trágico. Encerrada en la prisión del Temple tras el 10 de agosto de 1792, fue transferida a la Conserjería poco tiempo después de la ejecución del rey en 1793. Con gran valentía se enfrenta a su juicio ante el tribunal revolucionario, y más tarde a su ejecución, el 16 de octubre de 1793, en la actual Plaza de la Concordia. En 1815, sus restos se depositan en la basílica de Saint-Denis, en la cripta real.