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La historiaPersonajes de la Corte

Luis XVII

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El heredero de Luis XVI (1785-1795)

Delfín de la corona, Luis-Carlos de Francia, conocido como "Luis XVII", nace en Versalles en 1785, poco tiempo antes de los inicios de la Revolución Francesa. Encerrado con su familia en la prisión del Temple en 1792, ya no saldrá de ella y morirá en su celda a los diez años, sin haber reinado, lejos de los fastos de su infancia.

Segundo hijo de Luis XVI y de María Antonieta, hermano de Madame Royale, Luis-Carlos de Francia pasa su infancia en el Palacio de Versalles, al lado de sus padres, rodeado de sus criados y de su institutriz. En 1789, se convierte en heredero del trono al morir prematuramente su hermano mayor. El joven Luis-Carlos recibe el título de Delfín cuando el reino está viviendo los primeros momentos de la Revolución Francesa.

Tras la jornada del 10 de agosto de 1792 y la toma de las Tullerías, el joven Luis-Carlos de Francia es encerrado en la prisión del Temple. El 21 de enero de 1793, su padre es guillotinado. Lógicamente, el Delfín toma el nombre de Luis XVII, título avalado y reconocido por los monárquicos y las potencias europeas. Dejado a cargo de su madre María Antonieta, se les separó poco antes de la muerte de ésta y su custodia se puso en manos del zapatero Antoine Simon, que lo educó en la prisión del Temple con un objetivo preciso: hacerle olvidar sus orígenes reales. Simon manipula al joven Delfín para que éste testifique contra su madre durante su juicio. Basándose en las declaraciones de su hijo, María Antonieta es acusada de incesto antes de ser guillotinada.

El joven Luis XVII, de 8 años, se mantiene recluido en su celda, bajo la autoridad de su tutor. Al vivir en unas condiciones de higiene deplorables, cae gravemente enfermo. En 1795, mientras que los revolucionarios piensan utilizarlo como moneda de cambio con el ejército austríaco, como ya habían hecho con su hermana Madame Royale, Luis XVII muere de tuberculosis. Su corazón, conservado por el médico legista Philippe-Jean Pelletan, se guarda en 1975 en la cripta de la basílica de Saint-Denis. Recientes análisis han permitido confirmar que el niño muerto en la prisión del Temple era efectivamente el hijo de María Antonieta, acabando así por fin con los rumores de una posible impostura.