Toda una primicia sin precedentes en Versalles, la suntuosa recepción del Dogo de Génova en la Galería de los Espejos por Luis XIV demuestra desde aquel momento la dimensión política que alcanza el Palacio. El Rey se encuentra por aquel entonces en el culmen de su gloria y de su poder.
En el siglo XVII, la República de Génova ya no es la potencia marítima y comercial de antaño. Para mantener su independencia frente a Saboya y sobre todo Francia, debe seguir aliándose con España. Por eso, acepta construir para ella cuatro galeras. Irritado por esta provocación, por el tratamiento humillante infligido a su enviado Pidou de Saint-Olon, y por el rechazo de la República a dejar pasar tropas francesas por su territorio, Luis XIV le da un ultimátum. Una escuadra a las órdenes del Marqués de Seignelay et Duquesne, viene a exigir en mayo de 1684, la entrega de las cuatro galeras y el envío de embajadores a Versalles para presentar sus excusas. Ante su negativa, Génova es bombardeada durante diez días. ¡Recibe 14.000 bombas y balas de cañón! La mitad de la ciudad queda destruida, por lo que se ve obligada a claudicar.
Para ocultar el carácter humillante de su embajada, la República decide enviar al Dogo en persona y a un séquito fastuoso. Esta iniciativa es excepcional, ya que la constitución le prohíbe al Dogo abandonar la ciudad bajo pena de ser destituido. El 15 de mayo de 1685, Francesco Mario Lercaro hace su entrada solemne en la Galería de los Espejos, vestido de terciopelo rojo y flanqueado por cuatro senadores vestidos de negro. éste viene a inclinarse ante el Rey, que permanece de pie sobre un estrado situado al fondo de la galería. Para impresionar a su invitado, Luis XIV hace desplegar su espléndido mobiliario de plata maciza.
Tras el capítulo de las disculpas, el Dogo visitará durante diez días Versalles: los grandes aposentos, los jardines, los animales del Zoo, el amplio Canal, Trianón. Ante tanto esplendor, éste declara irónicamente: "¡Hace un año estábamos en el infierno y hoy salimos del paraíso"! El Dogo asiste al lever del Rey el 23 de mayo y se despide el 26. Luis XIV le regala una caja revestida de retratos magníficos y varios tapices de los Gobelinos. ¡Los cuatro senadores reciben su retrato adornado con diamantes! ¡El fasto como instrumento político y diplomático!
La recepción tendrá un gran impacto en Europa: Francia se convierte en la potencia contra la que hay que luchar. Una nueva guerra se prepara, la de la Liga de Augsburgo. Una guerra que obligará a fundir el mobiliario de plata...