Desde su llegada al poder en 1689, el Zar Pedro el Grande (1672-1725) lleva a Rusia hacia la modernización a marchas forzadas. Hay un país que lo fascina: Francia. Visitará este país en 1717, en el momento en que el Regente desea un acercamiento franco-ruso. Versalles formará parte del viaje.
Del 7 de mayo al 20 de junio, Pedro el Grande está en París. Su visita es a la vez política y artística. En 1703 emprende la construcción de una ciudad nueva, San Petersburgo, y desde su victoria en 1709 sobre Suecia en Poltava, Ucrania, Rusia se han convertido en una potencia europea. Pedro busca reconocimiento diplomático y novedades en Occidente .
Alojado primero en el Louvre, finalmente reside en el palacete de Lesdiguières, uno de los más suntuosos de la capital. Durante más de un mes, visita París y sus alrededores. Versalles es sin duda el lugar que quiere ver. Del 24 al 26 de mayo se aloja en los pequeños aposentos del Duque de Borgoña, luego del 3 al 11 de junio, en el ala de Trianon-sous-bois. A pesar de la desaprobación de Blouin, Gobernador de la ciudad, en el aposento de la piadosa Mme de Maintenon, se instala a unas cuantas mujeres para la diversión de Pedro el Grande. En su visita va acompañado por el Duque de Antin, Director de las Obra del Rey.
El 25 de mayo por la mañana, el Zar navega por el Gran Canal y visita el Zoo y luego el Trianón. Observa y anota todo lo que quiere reproducir en San Petersburgo. Además de los esplendores del Palacio, en su visita se fija sobre todo con el urbanismo versallés. Para su ciudad reproducirá el esquema en damero y las tres avenidas radiales. También se fija en la anchura de las calles de las que tanto adolece París. El Zar considera que la capital es sucia, estrecha y ridículamente pequeña.
El Zar está tan encantado de encontrarse en Versalles, que en 1716 recibe a una delegación de artistas franceses dirigida por Jean-Baptiste-Alexandre Leblond (1679-1719). Alumno de Le Nôtre, reproducirá en sus residencias los juegos de agua de Versalles y Marly. Un ornamentista llamado Nicolas Pineau (1684-1754) lo acompaña. Hijo de un escultor de Mansart, introducirá el arte rocalla francés en los palacios rusos como el de Peterhof. Además de Versalles, el Zar visita las más hermosas residencias en torno a París (Marly, Sceaux, Meudon, Petit-Bourg).
La visita de Pedro también resulta fructífera en el plano diplomático. A pesar de las negociaciones difíciles, Francia y Rusia consiguen firmar, el 15 de agosto en ámsterdam, su primer acuerdo: comienzan dos siglos de amistad franco-rusa.