Informado de la vida disipada y de las dificultades conyugales de su hermana María Antonieta, el emperador de Austria José II decide ir a Versalles. También acude como soberano ilustrado, curioso por conocer el reino de Francia.
Hacía mucho tiempo que el Emperador deseaba venir a Francia, ya que estaba impaciente por conocer a Luis XVI, su cuñado, para asegurarse su apoyo en sus pretensiones sobre Baviera. También deseaba descubrir París y Versalles. En 1777, el embajador de Austria en París, Mercy-Argenteau, le informa de la situación cada vez más crítica de María Antonieta. La joven dista mucho de comportarse como una reina de Francia responsable.
Siete años después de su boda, Luis XVI y María Antonieta siguen sin consumar su matrimonio. La Reina ha abandonado el lecho conyugal, ya que el Rey padece una fimosis y no puede complacerla. María Antonieta mata su aburrimiento con las diversiones y el juego. Como hermano mayor solícito, José II pretende remediar la situación, a instancia de su madre, la Emperatriz María Teresa, que está preocupada por la situación.
El Emperador llega a Versalles el 19 de abril. Celoso de su libertad de movimiento, adopta el pseudónimo de Conde de Falkenstein y se aloja en un modesto albergue de la ciudad. Encantada de recibir a su hermano mayor al que no ha visto desde hace 7 años, María Antonieta le cuenta su vida íntima con Luis XVI. El Emperador la escucha, prodigándole palabras afectuosas y reconfortantes. No obstante, este amor fraternal no le impide mantenerse como un observador atento de la vida de su hermana. Nada se escapará a su vigilancia. A pesar de un comienzo frío y distante, José II se gana progresivamente la confianza de Luis XVI que, a su vez, se confía a él.
Si Versalles es el lugar de las confesiones, París es el de los descubrimientos. El Emperador quiere verlo y conocerlo todo. Gracias a su sencillez, se convierte en el ídolo de la capital. En Versalles, el ambiente es menos agradable: el 9 de mayo, José II sermonea por fin a su hermana. Luego, el tono volverá a ser más ameno. El 30, el Emperador abandona Versalles. Le ha entregado a María Antonieta sus "Reflexiones" sobre sus deberes como esposa y reina. La conmina a cambiar su actitud para con el Rey, al que le ha aconsejado una operación. Su visita da sus frutos: el matrimonio se consuma el 18 de agosto y un primer hijo nace en diciembre de 1778: Madame Royale. El Emperador volverá a Versalles en 1781 en donde María Antonieta le reservará las festividades del Pequeño Trianón.