La reconciliación con Inglaterra obsesiona a Napoleón III. Con motivo de su primer viaje a Francia, éste le reserva a la reina Victoria unos fastos que Versalles no había conocido desde la monarquía.
Del 17 al 28 de agosto de 1855, la Reina Victoria se encuentra en Francia. ésta corresponde a la visita que le hizo Napoleón III en Londres en el mes de abril. El Emperador es anglófilo. Ha vivido durante mucho tiempo en Inglaterra y quiere una reconciliación profunda y duradera con ésta. éste es consciente de lo que provocó la derrota de su tío, Napoleón I y sienta las bases de la primera "Entente Cordiale". También despliega todas sus dotes de diplomático. Desde 1854, es su aliado en la Guerra de Crimea. Napoleón viene al encuentro de la Reina en Dunkerque, y la acompaña personalmente hasta París. El Emperador le tiene reservada en Versalles, el 25 de agosto, una espléndida recepción.
A Napoleón III le gusta Versalles. La primera vez que lo visita es el 11 de abril de 1849, y regresa el 5 de julio para inaugurar la estación de Chantiers y la línea de París-Chartres. En 1853, le muestra a la Emperatriz Eugenia el Pequeño Trianón de María Antonieta del que ésta queda totalmente prendada. Aquí se abrirá un museo en homenaje a la Reina para la exposición universal de 1867. Además de los fastos habituales de las ceremonias oficiales, el Emperador quiere utilizar las innovaciones contemporáneas: el Patio de Mármol, la Galería de los Espejos y la ópera Real se iluminan con gas. Se hacen las primeras fotografías en la Galería.
Aquí se organiza un baile al que acuden 1.200 personas. En los ángulos se han dispuesto cuatro orquestas dirigidas por Strauss y Dufresne, y rodeadas de flores y arbustos. Cientos de arañas, guirnaldas y teas se reflejan en los espejos. De la bóveda penden grandes guirnaldas de flores. Los hombres trajeados y las mujeres en miriñaque deslumbran entre oro y diamantes. Napoleón III baila el vals con Victoria y el Príncipe Alberto con Eugenia. Seguidamente se celebra una cena en la ópera. La mesa de los soberanos forma ángulo recto con el palco real. El patio está lleno de mesas para los invitados. Las arañas destellan con mil y un reflejos. El final de la cena se ameniza con una sesión de fuegos artificiales. Más tarde, se celebra un nuevo baile en la galería hasta las 3h00 de la mañana.
La fiesta dio sus frutos: además del tratado de alianza para Crimea, Victoria seguirá a Napoleón III a México. En 1860 se firmará un tratado de comercio por diez años. El Emperador recupera la vocación diplomática del Versalles de Luis XIV. El siglo XX no desaprovechará la lección.