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1871 Proclamación del Imperio Alemán

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18.01.71

En una Francia desecha e invadida tras la guerra de 1870, el Canciller Bismarck hace proclamar en la Galería de los Espejos el Imperio Alemán. Una revancha de Alemania por las humillaciones infligidas por Luis XIV y Napoleón I.

El 19 de julio de 1870, Francia declara la guerra a Prusia. Francia capitula en Sedán, el 2 de septiembre. Prusia invade Francia. El 19 de septiembre, pone a París bajo asedio y sus primeras tropas llegan a Versalles. El 5 de octubre, Guillermo I y Bismarck se instalan en la ciudad. En el palacio preparan la proclamación del Imperio Alemán.

Desde mediados de los años 1860, Prusia se engrandece y fortalece con sus campañas contra Austria y Dinamarca. Se extiende desde entonces desde el Rin hasta Rusia. Bismarck, su canciller, intenta reunir en torno a Prusia a los demás estados alemanes para constituir un imperio a expensas del de Austria-Hungría, su rival. Bismarck pretende que Prusia sea la nueva potencia en el corazón de Europa, entre Francia y Rusia. De este modo, consigue constituir la Confederación de la Alemania del Norte que reúne a todos los Estados, salvo a los del Sur. Hesse y Baden, luego Baviera y Wurtemberg se les unen finalmente en noviembre de 1870. De hecho, el rey Luis II de Baviera se había negado a asociarse a los demás príncipes alemanes de Versalles. ¿Acaso era por la pasión que sentía por el lugar y por Luis XIV? Sea como fuere, su hermano Otto negocia en su lugar. Se inicia entonces la proclamación de la unidad alemana.

El 16 de diciembre de 1870, una delegación del Parlamento de Alemania del Norte llega a Versalles. Su misión es suplicarle al rey de Prusia que acepte el título de Emperador de Alemania. El 20, la Confederación se disuelve. La proclamación del Imperio se fija para el 18 de enero de 1871 en la Galería de los Espejos. En su centro se instala un altar para la ceremonia religiosa. Del lado del Salón de la Guerra, en el punto opuesto al emplazamiento del trono de Luis XIV, se levanta un estrado. Seiscientos oficiales y todos los príncipes alemanes se encuentran presentes, salvo Luis II. Tras el Te Deum, Bismarck, en uniforme de coracero, lee la proclamación. Una vez finalizada, el Gran Duque de Baden exclama: "¡Viva Su Majestad el Emperador Guillermo!". Retumban los vítores. El canciller ha cumplido su sueño bajo las pinturas de Le Brun, que glorifican las victorias de Luis XIV en el Rin. También consigue su revancha por la batalla de Jena en 1806. Muy pronto, los alemanes cederán su puesto a los diputados de la Francia vencida.