Palacio Nacional a disposición del Presidente de la República, Versalles se convierte en el siglo XX, en el lugar de los eventos oficiales. Cuando el oro de la monarquía sirve para el prestigio de la República
Desde la Reina Victoria en 1855, Versalles es el lugar por excelencia de las recepciones diplomáticas de Francia. El Zar Nicolás II y, más tarde, el Rey Jorge VI fueron recibidos respectivamente en 1896 y en 1938. Esta costumbre del Palacio se convierte en un ritual bajo la V República.
La IV República marca el inicio de este protocolo con la recepción por el Presidente René Coty, en abril de 1957, de la joven Reina de Inglaterra Isabel II. Esta fue la primera estancia oficial en Francia de la Reina. Las relaciones entre ambos países se habían enfriado por la expedición de Suez en 1956. La Reina puso entonces su popularidad al servicio de las relaciones franco-británicas. ésta es recibida en Versalles por el prefecto y el conservador jefe, Van Der Kemp. La Reina accede al Palacio por la escalera de la Reina, como procede. Comienza entonces la visita de los grandes aposentos, antes del almuerzo previsto en la Galería de los Espejos. Luego procede a inaugurar la ópera Real, restaurada para la ocasión. Una restauración a la que ella contribuyó.
Otra recepción memorable: la del Presidente John Kennedy. Kennedy fue recibido en Versalles en junio de 1961 por el General de Gaulle. En este período de tensión con la URSS, viene a asegurarse del apoyo de Francia. El Presidente americano acude expresamente acompañado por su esposa, la encantadora Jackie. La pareja es recibida por Malraux, Ministro de Cultura. Tras la visita, se sirve una cena en la Galería de los Espejos, seguida de un ballet en la ópera Real. De nuevo, se respetan las reglas establecidas bajo el reinado de Luis-Felipe y de Napoleón III.
El ritual se repite más tarde, en octubre de 1961, con motivo de la primera visita del Sah de Irán, que regresará a Versalles en 1974. El Sah es el invitado de honor de Francia. El Palacio es sin duda el lugar de visita obligada de los huéspedes importantes. Así se hace en octubre de 1985 para el héroe de la perestroika y de la glásnost en URSS, Mijaíl Gorbachov. Es recibido y alojado en el Gran Trianón. El Presidente Mitterrand repite protocolo en febrero de 1992 con su sucesor, Boris Yeltsin, héroe de la caída del régimen soviético en 1991. A partir de 1995, Versalles pierde un poco de su esplendor frente a París, que resulta más cómodo y menos caro.