Desde Ravaillac en 1610, nunca nadie se atrevió a atentar contra la persona sagrada del Rey. En 1757, mientras que Luis XV sale del Palacio, un hombre se precipita y le asesta una puñalada en el costado. Ese hombre se llamaba Robert-François Damiens.
En este 5 de enero de 1757, una carroza espera al Rey Luis XV en el paso cubierto que va desde el Patio Real hasta el Parterre Norte. Alrededor de las 18h, el soberano baja su escalera interior y atraviesa la sala de los guardias personales. éste va acompañado por el Delfín, el capitán de los guardias del Rey y de los dos oficiales de caballerizas. Es de noche. Al salir de la sala, iluminada por teas, el Rey es asaltado por un individuo que le golpea con fuerza. ¡Al conservar su sombrero, el energúmeno es inmovilizado ya que debería haberse descubierto ante el Rey!
Al llevar la mano al costado derecho, el Rey cree que le han dado un puñetazo. Pero su mano está ensangrentada. El cuchillo ha penetrado entre la 4ª y la 5ª costilla, provocándole una herida larga pero superficial. Luis XV es conducido a su cámara. Sangra abundantemente. En estado de shock, acaba desmayándose. Al volver en sí, cree que va a morir. Luis pide un cura, confía el reino al Delfín y le pide perdón a la Reina por las penas que le ha causado.
El culpable es un criado llamado Damiens. Originario de Arras, tiene 42 años. éste sirvió a varios consejeros en el Parlamento que vituperaron regularmente contra el Rey y la Marquesa de Pompadour. Influenciable y exaltado, a Damiens le calaron hondo todas estas críticas. Una vez detenido, fue torturado para averiguar si tenía cómplices. Damiens no confiesa nada. Transportado a la Conciergerie, al igual que Ravaillac, su juicio se celebra del 12 de febrero al 26 de marzo, fecha de su condena. ¡Damiens será descuartizado y quemado! Damiens se declara culpable del crimen supremo: ¡el de lesa majestad!
Desde el principio, el Rey sabe que se trata de un acto aislado. Aunque se restablece de su herida al cabo de 8 días, aun sigue conmocionado. El atentado le dejó secuelas. Ante la agitación general, Rey pretende cambiar de actitud. Quiere recuperar la confianza de sus súbditos, renunciar a sus amantes y preparar al Delfín para su sucesión. Sabios propósitos que no durarán mucho tiempo: Mme de Pompadour influirá en el Rey hasta su muerte en 1764 y Luis XV morirá tan poco como fue el "Bienamado".