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La historiaVersalles a lo largo de los siglos

Mesas reales

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Los placeres de la mesa

Cubiertos de oro y plata, deliciosos manjares, la gastronomía francesa nunca se abandonó en la época de los reyes. Aunque cada uno mantiene una relación diferente con el ceremonial de la mesa, todos rivalizan en la preparación de opíparas comidas. Estos festines, en sociedad o en la intimidad, son una nueva ocasión de afirmar el poder del monarca. De esta tradición nace la fama del "servicio al estilo francés" y de su gastronomía.

La gran comida pública conocida como El Gran Cubierto simboliza, desde la Edad Media, el día a día del poder. En la Corte de Versalles, la Etiqueta prescribe que el Rey invite a éste a la Reina, a sus hijos y a sus nietos. Sin embargo, en el Pequeño Cubierto, come solo. A diferencia de su sucesor Luis XV, Luis XIV se ciñe cada día a este ceremonial. Al final del Antiguo Régimen, el Gran Cubierto sólo se mantiene los días de fiesta y los domingos.

A las 22h00, la cena en el Gran Cubierto tiene lugar en la antecámara del Rey o de la Reina, según las épocas . En ellas se pone una mesa y el sillón del Rey. A los lados de la mesa se colocan mesas plegables para los invitados. Sólo las duquesas se sientan en primera fila de la asistencia. Tras ellas, se sitúan de pie los demás cortesanos y curiosos de paso.

Los platos, muy numerosos, se traen en turnos sucesivos denominados "servicios". Al servicio de potajes y entrantes le sigue el de los asados y ensaladas, luego el de los entreplatos y por último la fruta. En cada turno, un nuevo cortejo de oficiales de Boca coloca los platos y la vajilla cubierta de oro, plata o esmalte. Los mejores orfebres se esmeran por inventar nuevas formas que conserven mejor el calor. Los vasos, muy ordinarios, sólo se ponen cuando se solicitan. En menos de una hora finaliza la comida.

Además de estos fastos diarios, Luis XIV sólo toma sus comidas "en privado" en el Trianón o en Marly. Pero las comidas íntimas sólo tienen lugar bajo el reinado de Luis XV, al que no le gustan demasiado estas pesadas ceremonias. Al regresar de la caza, el Rey retiene a menudo a su lado a algunos amigos para la cena que ofrece en su Pequeño Aposento o en sus Gabinetes. Aquí son mayoría las damas, algunas de las cuales son sus favoritas. La gastronomía francesa nace durante estos festejos, en torno a este monarca, amante de los platos más deliciosos. ¿Acaso Luis XV no preparaba él mismo su chocolate?

Para devolver un cierto brillo a la vida de la Corte, Luis XVI y María Antonieta inauguran, más tarde, las "comidas de sociedad" a las que se invita a unos cuarenta personajes, destacados por su condición o por su mérito. En el nuevo gran comedor del Pequeño Aposento, se utiliza entonces, alternando con un servicio de orfebrería, el más hermoso servicio de porcelana realizado en Sèvres.