La Gran Diversión Real, que es la segunda fiesta de Luis XIV en Versalles, pretende celebrar la gloria del Rey tras la paz de Aix-la-Chapelle. Una paz que marca la anexión a Francia de varias plazas flamencas (Lille, Douai, Dunkerque). ¡La fiesta más suntuosa de todas las organizadas por Luis XIV!
Para celebrar su victoria sobre España, Luis XIV quiere organizar una fiesta que esté a la altura del acontecimiento. ¡Para ello invierte la extravagante suma de 117.000 libras, es decir, la tercera parte de la que dedicará a Versalles en 1668! Además, quiere que sea muy diferente de la de 1664: realizada en verano, en una sola fecha y sin tema especial, será un paseo temático lleno de fasto y de sorpresas.
El Rey, que viene desde Saint-Germain, abre su diversión al final de la jornada con la visita de su última realización: la Fuente del Dragón y su chorro, el más potente de los jardines. Luego invita a los comensales a una espléndida colación en el Bosquete de la Estrella. Trincheros y bufés llenos de montañas de fruta, carne y jarras de licores componen la decoración.
Tras la colación, la Corte se dirige en carroza y en silla de porteadores a la encrucijada de la futura Fuente de Saturno para asistir a la primera representación de George Dandin de Molière. La obra se representa en el teatro en engañifa de Vigarani. Iluminado por 32 arañas de cristal, éste se encuentra cubierto de tapices y de una tela flordelisada con un fondo azul.
La Corte asiste luego al festín organizado en lo que más tarde será la Fuente de Flora, en una gran sala octogonal con un enrejado y cuya cúpula está abierta al cielo. En el centro de una mesa se encuentra un gran bufé ornado con una fuente y una vajilla de plata. Al festín le sigue un baile organizado en una sala instalada en la encrucijada de la futura Fuente de Ceres. También de forma octogonal, la sala va precedida de una galería vegetal cerrada por una cueva de rocallas. Realizada por Le Vau, parece estar cubierta de mármol y de porfirio.
La fiesta finaliza con unos espléndidos fuegos artificiales. Desde la parte baja de la gran perspectiva se divisa el Palacio iluminado en su interior y precedido, a lo largo del Parterre de Latone y del Tapiz Verde, por estatuas y jarrones pintados iluminados. ¡La magia es total!
Esta fiesta extravagante constituye sin duda el súmmum de la fiesta barroca, tanto por su puesta en escena como por sus decorados. Y marca sobre todo el interés creciente del Rey por Versalles. El lugar pasará muy pronto de la fiesta al gobierno.