Escultor favorito de Hardouin-Mansart, Coysevox ejecuta para Versalles obras de estilo barroco y antiguo. ¡Una extraña mezcla para un artista que nunca viajó a Italia!
Originario de Lyon, llega a Versalles en 1679 para la decoración de la Galería de los Espejos y del Patio de Mármol. Realiza para el Salón de la Guerra el relieve de Luis XIV victorioso. Este relieve, obra maestra del barroco francés, demuestra la inventiva y la virtuosidad de escultor. Su carácter barroco y su gusto por los materiales nobles se plasman de nuevo en la Francia Triunfante del bosquete del Arco del Triunfo, íntegramente realizada en plomo dorado. Fiel al espíritu guerrero, realiza el jarrón de la Guerra (1685) para la terraza del Palacio.
Más serenas son las réplicas de mármol inspiradas en la Antigüedad de la Venus en cuclillas y de la Venus de la concha para los parterres Norte y de Latone. Actualmente en el Louvre, éstas se sustituyeron por réplicas de mármol o de bronce. Más ambicioso resulta el grupo de Castor y Pollux a la entrada del Tapiz Verde. Coysevox intenta demostrar que él también puede rivalizar con el clasicismo tranquilo de Girardon. Y lo demuestra de nuevo en el Parterre de Agua con las figuras acostadas originales de los ríos Garona y Dordoña.
Coysevox ejerce también sus talentos en Marly. Junto con sus sobrinos, los famosos Coustou, realiza las figuras de la Gran Cascada: Neptuno, Anfítrite, el Sena y el Marne (Louvre) así como las figuras ecuestres de Mercurio y de la Fama para el abrevadero. Trasladadas a la entrada de las Tullerías, éstas son la antesala de la rocalla. Igualmente de rocalla fue la ligera figura de la Duquesa de Borgoña en Diana (Versalles), en la que sintetiza su interés por lo antiguo y su gusto por el retrato.
Retratista oficial del Rey, Coysevox demuestra aquí una calidad innegable sobre Girardon. Para el Rey y la Corte realiza un gran número de bustos, cuyo género, gracias a él, alcanza un gran éxito en el siglo XVIII. Todos aplauden su profundo sentido de la psicología y del parecido. Esto hace que le encarguen numerosos monumentos funerarios, cuyas realizaciones más famosas son las de Mazarino en el Institut de France y de Colbert en la iglesia de Saint-Eustache. Este artista trabajó incansablemente hasta el final de sus días, y termina su genial carrera con una última obra maestra: el Luis XIV orante del coro de Notre-Dame de París. ¡Por y para siempre al servicio del Rey!