Ebanista favorito de María Antonieta, Riesener es el maestro indiscutible del mobiliario Luis XVI. Riesener realizó para Luis XV uno de los más magníficos muebles del mundo: el escritorio de su gabinete interior en Versalles.
De origen alemán, Riesener inicia su carrera para la monarquía con el escritorio de cilindro de Luis XV, instalado en su gabinete interior. Encargado en 1760 a su suegro y maestro Oeben, constituye un mueble excepcional por su novedad, por la elegancia de su marquetería, la calidad de sus bronces y sobre todo la ingeniosidad de su mecanismo: ¡el escritorio al completo se cierra con una sola vuelta de llave y se abre con sólo presionar un botón! Terminado en 1769, es modificado en la Revolución por su autor, que debe eliminar los símbolos reales. El prestigio del mueble fue inmenso y consolida definitivamente la reputación de Riesener.
Desde entonces, no dejan de lloverle pedidos de la Corte. Durante más de diez años será el principal proveedor de las residencias reales. Pero sus precios exorbitantes le hacen perder a una parte de su clientela que prefiere a su homólogo Beneman. No obstante, María Antonieta sigue fiel a él.
A partir de 1775, Riesener entrega 4 rinconeras para el salón de los juegos de Luis XVI y ese mismo año hace para él un nuevo mueble excepcional: la cómoda de su Cámara en Versalles. Sus líneas rectas, su aspecto macizo, la pesadez y la riqueza de los bronces, el resalte trapezoidal de la marquetería de la parte central son características del estilo neoclásico que practicaba el ebanista. A este pesado estilo contrapone un estilo más sobrio, como el de la gran mesa de secuoya de la biblioteca del Rey.
Riesener elabora para María Antonieta los muebles de mayor gracia e innovación: para el Salón de los Nobles de Versalles, entrega dos rinconeras y una cómoda en las que sustituye la marquetería por un simple chapeado de caoba. Los bronces se reducen y aligeran. Para su gabinete de Fontainebleau entrega un frágil mobiliario de nácar, único en su género. Para el Pequeño Trianón realiza una serie de muebles originales: escritorio de ángulos redondeados, consola de servicio idéntica en caoba y bronce... Vendidos en subasta durante la Revolución, Riesener recuperará una parte de sus muebles para revenderlos a una clientela extranjera adinerada. De nada sirve. El período marca definitivamente el fin de su genial carrera.