El gabinete dorado
Cuando se encontraba en Versalles, María Antonieta se retiraba muy a menudo a su gabinete interior -la más grande de las estancias privadas de la Reina- para recibir allí a sus hijos y amigas, para tocar con Grétry como profesor, o para posar para Madame Vigée-Lebrun, su pintora favorita. Creada para María Leszczinska, esta estancia se redecoró en 1783 a partir de los diseños de Richard Mique, el arquitecto de María Antonieta. Las carpinterías de los hermanos Rousseau, adornadas con esfinges y trípodes antiguos, evocan el reciente descubrimiento de Pompeya y Herculano. La mayor parte de los muebles y objetos de arte que se encuentran actualmente en ella pertenecieron a la soberana, por ejemplo, la cómoda, una de las más hermosas creaciones de Riesener, entregada para su cámara en Marly, o los jarrones de Sèvres "de estilo chino", que la coronan, procedentes de su aposento en Saint-Cloud.
Este gabinete dorado -que debe su nombre a la profusión del dorado en carpinterías, bronces y asientos- desemboca, a través de una pequeña puerta situada a la izquierda de la chimenea, en un pequeño gabinete cuya pintura de colores en lacado Martin data de los años 1750. Este es el único testimonio original del auge que tenía por aquel entonces esta técnica, que pretendía imitar al lacado de China. Sus carpinterías proceden de un gabinete posterior del aposento de María Josefina de Sajonia situado en la planta baja; fue la propia María Antonieta la que hizo que se subiese esta decoración creada para su suegra.